martes, 25 de abril de 2017

“El Medico Asesino”

El apodo del “Médico Asesino” con el que se conocía a Ricardo Carvajal, a despecho de su inquietante apodo, quienes conocieron a Carvajal aseguran que era un hombre alegre, pacífico, emprendedor y padre de cuatro hijos. Todavía hacer mención del Médico Asesino en cualquier esquina de Catia provoca nostálgicas.

Varias generaciones de caraqueños se deleitaron con las guarapitas del famoso Médico Asesino, pero muy pocos recuerdan hoy el nombre de Ricardo Carvajal. Sólo saben que murió 

El 27 de abril de 1956, presenciaron por televisión una jornada estelar de lucha libre, encabezada por el Médico Asesino, quien se hizo acompañar del enmascarado de plata (Santo) para derrotar a Blue Demon y Rolando Vera. “En el bar no cabía una persona más”.

Sus combinados de alcohol de “alto octanaje” con frutas cítricas (parchita, piña, guayaba y guanábana), eran las mezclas preferidas por los caraqueños, quienes las adquirían en botellas sin etiqueta y discretamente envueltas en papel periódico

Ramón Piñango (de 83 años), vecino de Catia, relató que de todas partes de Caracas venían a comprar las guarapitas del Médico Asesino. “Hasta políticos llegaban de madrugada al bar buscando algunas botellas del sabroso licor elaborado en casa”.

Refirió que Daniel Santos, Julio Jaramillo, Boby Capó y Rolando Laserie, eran clientes del negocio y que cuando estos visitaban Caracas, corrían donde el médico asesino para degustar sus guarapitas y el famoso “Zamurito”, que era un afrodisiaco infalible.

“Su ingenio no sólo lo llevó a crear mezclas nuevas, sino a inventarle nombres como “Zamurito”, que resultaba de la combinación de brandy, vino y ciruela. Su negocio fue tan exitoso que otros intentaron copiarlo pero fracasaron”, dijo Piñango.

Los que eran jóvenes en las décadas de 1950, 1960 y hasta 1970 se acuerdan de haber agarrado alguna vez una buena curda (borrachera) después de haber estado en cualquier fiesta las guarapitas de Ricardo Carvajal.

“Su negocio era el más visitado por los universitarios. Uno hacía una vaca de 10 bolívares y con una botella de guarapita, un picó (tocadisco) y un longplay de la Fania prendíamos una fiesta”, recordó sonriente el ex legislador Jesús Sotillo Luna.

“Carvajal no se hizo millonario ni se preocupó por comercializar sus productos, llevándose a la tumba el secreto de sus legendarias combinaciones alcohólicas. Nunca patentó la fórmula, ni quiso que sus hijos aprendieran a fabricar la bebida”

Hoy en día, solo queda la leyenda del Médico Asesino que ronda aun por las calles de Catia y el sabor de sus bebidas no ha desaparecido por completo del paladar de los más viejitos. 



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